Desde niños nos enseñan a ser “responsables”, aunque ni siquiera entendamos correctamente el significado de esta palabra, por lo que desde pequeños los niños asumen “responsabilidades” que no son suyas. La educación que reciben es primordial para seguir adquiriendo más y más responsabilidades, muchas veces cargadas de culpa.

 

La madre o el padre que se recarga en el hijo para que les resuelva todo en su vida, en vez de guiarlos le descargan todo lo que llevan; lo hacen responsable de todo lo que les pueda pasar e inconscientemente el hijo adquiere esa “responsabilidad” de por vida,  pero esta carga puede llegar a ser muy pesada.

 

Este “peso emocional” aumenta con los años  y si primero fueron los padres, luego puede ser el jefe, el trabajo, marido-esposa y los hijos; la carga se eleva de manera constante.

 

Toda esta presión emocional se refleja  en el cuerpo al irse proyectando los hombros hacia el frente, el cuerpo toma la posición de cargar un costal, la espalda alta se empieza a formar una pequeña joroba que aumenta proporcionalmente a la carga, los brazos duelen y el cuerpo cambia para sostener “el costal”; en algunos casos los pies se arrastran y el gesto es doloroso. El peso de la responsabilidad es mucho.

 

En terapia el trabajo inicia dejando que el paciente sienta su cuerpo; es importante que se cuestione qué es su responsabilidad y qué no, hasta dónde llega y de ahí saber si la asume o no; es “preguntarse” sobre la educación recibida y enfrentar las frustraciones.

 

El objetivo es que la persona se vuela “consciente” de todo aquello que detiene su crecimiento personal. Si se da cuenta que la responsabilidad es del otro, entonces se empieza a trabajar, para que él o ella, ya no asuman “responsabilidades” que no les corresponden.

 

En el aspecto sentimental, es  común que en la pareja el fuerte sea quien lleve la carga,  pero qué pasa,  el que carga se cansa, irrita, empero  no sabe bien por qué; lo único que quiere “descargarse” y cómo lo hace:  peleando, callándose, rumiando su malestar y en casos extremos con violencia.

 

Esto se puede aplicar tanto en el ámbito familiar como laboral, cuantas veces el jefe aprovecha al empleado que desea destacar para cargarle todo lo que hay que hacer, proyectos, revisiones y tareas extras, no alcanza el tiempo ni la semana para concluir todas las tareas asignadas. Entonces, ¿qué queda? No hay vida fuera del trabajo, y el peso de lo asumido doblega.

 

Cuando se asume la responsabilidad que corresponde y se deja a un lado la que no, el cuerpo se siente más liviano, flota y puede aparecer un resfriado o diarrea…éstos son síntomas de que estás soltando un peso que no es el tuyo;  el cuerpo se va enderezando, ya no duele la espalda. La vida tiene otra perspectiva y ésta es mejor.

 

Recuerda que todas las enfermedades responden a la “somatización” de una emoción. El objetivo es reconocerla y empezar a trabajar con ella, para sentirnos bien.

 

Fuente: Bienestar180

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