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Según un estudio reciente, una mayor ingesta de grasas saturadas puede reducir la calidad del esperma, mientras que el consumo de ácidos grasos omega-3 puede mejorarla.

 

Las fuentes dietéticas de ácidos grasos omega-3 incluyen el aceite de pescado y ciertas aceites provenientes de plantas o nueces. El aceite de pescado contiene ácido docosahexaenoico (DHA) y ácido eicosapentaenoico (EPA), mientras algunas nueces (la nuez del nogal, por ejemplo) y aceites vegetales (como aceite de canola, de soja o soya, de lino o linaza, o de oliva) contienen ácido alfa-linolénico (ALA) .

En un nuevo estudio, los investigadores analizaron los datos de ingesta de alimentos y la calidad del semen de 99 hombres con una edad media de 36 años. Alrededor del 71 por ciento de los participantes tenían sobrepeso u obesidad, y el 67 por ciento nunca había fumado cigarrillos.

Los resultados mostraron que los hombres con el consumo de grasas saturadas más alto tenían un conteo de espermatozoides 43 por ciento menor y una concentración total de espermatozoides 38 por ciento más baja, en comparación con los hombres que tenían la menor ingesta de grasa saturada. Los científicos encontraron que los altos niveles de grasas saturadas en el esperma están correlacionados con una menor concentración de esperma. Sin embargo, un consumo mayor de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 se relacionó con una mejor calidad de los espermatozoides.

Los investigadores concluyeron que las grasas saturadas pueden tener un efecto negativo sobre la calidad del esperma, mientras que el consumo de ácidos grasos omega-3 puede ser beneficioso. Sin embargo, se necesitan investigaciones adicionales para evaluar estos hallazgos.

Hay pruebas de apoyo de múltiples estudios que sugieren que la ingesta de cantidades recomendadas de DHA y EPA, ya sea por el consumo de pescado en la dieta o de suplementos de aceite de pescado, baja los triglicéridos, y reduce el riesgo de muerte, de ataques cardiacos, de ritmos cardíacos anormales peligrosos y de accidentes cerebrovasculares en personas con conocida enfermedades cardiovasculares, retrasa la acumulación de placas ateroscleróticas (“endurecimiento de las arterias”) y ligeramente disminuye la presión arterial. Sin embargo, las dosis altas pueden tener efectos perjudiciales, tales como un mayor riesgo de sangrado. Aunque los mismos beneficios que se han propuesto para el alfa-linolénico, la evidencia científica es menos convincente, y los efectos benéficos podrían ser menos pronunciados.

 

Fuente: Vida y Salud

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