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La obsesión de las grandes multinacionales por obtener los máximos beneficios posibles, sin importar cómo, las ha llevado a poner en su punto de mira el target de consumidores más vulnerables: los niños. “La infancia está totalmente desprotegida ante el creciente poder de las corporaciones, que la asedian y corrompen en su propio beneficio. Estas prácticas son una tragedia para la humanidad con unas nefastas consecuencias para el futuro”. Este es el contundente e incendiario discurso sobre el que pivota el último libro del polifacético y polémico autor canadiense Jöel Bakan, tituladoThe Childhood Under Siege, como él mismo explica a El Confidencial. Al igual que el resto de sus provocadoras obras, ante las que es imposible mantenerse indiferente, este ensayo está llamado a convertirse en unareferencia totémica de la bibliografía altermundialista y a levantar ampollas entre los poderes establecidos, como ya fue el caso del exitoso ‘best seller’ The Corporation: The Pathological Pursuit of Profit and Power, llevado también a la gran pantalla.

 

Como es característico en Bakan, este no ahorra en detalles para explicar las estrategias utilizadas por las multinacionales que ejercen su control sobre la vida de los más pequeños y, por extensión, del resto de la sociedad. “Los valores comerciales y los intereses privados se han elevado por encima de los valores humanos y los intereses públicos”. Unos ‘monstruos modernos’, según define el canadiense a estas corporaciones, que “atacan las mentes y pervierten las actitudes del grupo humano más preciado. En términos de estrategias de marketing, continúa Bakan, se fomenta “la sexualización reforzando los roles de género en las niñas, mientras que en los niños se promueven las actitudes violentas. Todo ello con la colaboración de los medios de comunicación de masas”.

El ensayo no se limita a las consecuencias amorales del nuevo marketing de las corporaciones, sino que también apunta a los problemas de salud y enfermedades ocasionadas a los niños debido a los componentes tóxicos de ciertos alimentos. “Por ejemplo, el bisfenol A o los ftalatos tienen efectos nocivos sobre la salud de la infancia, ocasionándole problemas de salud que deben ser tratados con fármacos específicos. Un asunto que se aborda en el capítulo dedicado a las industrias farmacéuticas, las cuáles también se “aprovechan de la generación de trastornos por déficit de atención con hiperactividad (TDHA) -unos síndromes conductuales con bases neurobiológicas-” para vender sus medicamentos.

“Los gobiernos y la familia son corresponsables de estos ataques

El liberalismo económico no está exento de sus propias contradicciones y las mismas leyes que en 1959 ampararon a la infancia ‘desvalida’ mediante la promulgación de los Derechos del Niño, inspiraron también la defensa de su ‘verdugo’: las corporaciones. Para el profesor de Derecho en la University of British Columbia, tanto los gobiernos como la familia son corresponsables por igual de estos ‘ataques’ a la infancia para convertirla en el blanco de los beneficios empresariales. “En una democracia, el papel de las instituciones públicas se basa en representar y proteger los intereses de la ciudadanía. El argumento central del libro es que, al menos en los Estados Unidos, donde se centra mi análisis, el gobierno está haciendo un trabajo cada vez más desastroso en la protección de los derechos de los niños, dejándolos en las manos de las empresas. Nosotros, como ciudadanos, tenemos que exigir que cambien de actitud y adopten medidas contundentes contra esta situación”.

La familia también ha descuidado su papel como institución protectora y educadora de la infancia. Bakan apunta que “los padres no educan desde una posición neutra, sino que lo hacen desde una posición marcada por las condiciones sociales de su entorno”. Un contexto marcado por la creciente capacidad de las empresas para modelar a los niños, siempre desde el afán del lucro privado. De este modo, se produce una “responsabilidad entrelazada”, tanto de los padres como de la sociedad en general. No se trata de culpabilizar a uno o al otro, sino a ambos en su conjunto, matiza Bakan.

En base a estas conclusiones, el cambio de la tendencia actual nunca podrá producirse desde la perspectiva individual, sino desde una óptica global que arrastre con ella a todas las aristas de las esferas sociales. Por tanto, para ‘recuperar’ el control de la vida de las personas y alcanzar ese “otro mundo posible” defendido por el autor, es necesaria la colaboración de toda la ciudadanía. “Sólo no se puede, con los demás sí”.

La comunicación digital, de la redención a la neutralización

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación se han convertido en las principales herramientas con las que cuenta la sociedad contemporánea para operar las transformaciones sociales referidas en The Childhood Under Siege. La validez de la comunicación digital reside en su horizontalidad y bidireccionalidad, con una fuerte capacidad para crear ‘cibermultitudes vigilantes’ de los excesos e injusticias cometidas por los poderes establecidos.

Las redes sociales pueden desempeñar, y han desempeñado, un papel importante para impulsar políticas proteccionistas y facilitar la organización de los jóvenes como ha atestiguado el movimientoOccupy Wall Street o la Primavera árabe–. Sin embargo, las plataformas como Facebook tienen un peligro implícito al contar con una poderosa capacidad de marketing para ‘colar’ a los jóvenes mensajes comerciales”. Un arma de doble filo, como detalla Bakan en uno de los capítulos de su nuevo libro, con la que deben extremar los cuidados.

Una de las principales virtudes de The Childhood Under Siege es que su análisis no se reduce a una mera descripción fatalista del capitalismo ‘corporativista’, sino que también ofrece las claves para revertir sus efectos negativos abriendo una ventana a la esperanza. “Creo que, si nos damos cuenta de cómo se desarrollan las prácticas empresariales modernas, podremos actuar para detener este proceso”.

 

Fuente: ElConfidencial

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