High-Res Stock Photography: Woman escaping from a cage with balloons

 

Vemos el mundo de acuerdo a nuestro marco de referencia interno: si estamos llenas de maldad o envidia, percibiremos un ambiente teñido de amenazas. En cambio, si logramos pasar a un estado psíquico superior, podremos acomodar nuestra percepción y redirigir nuestra energía.

 

 

El ambiente y el sujeto parecen, a simple vista, fenómenos separados que ejercen influencia recíproca. Pero, en esencia, ambos corporifican la realidad suprema de la vida. Son, esencialmente, una sola cosa.

Esta inseparabilidad nos permite comprender que el ser humano puede ejercer influencia sobre su entorno, y no tiene que vivir a merced de su ambiente impredecible y sometido al cambio incesante.

El Curso de Milagros (un programa de entrenamiento espiritual) nos enseña: “Todas las cosas que creo ver son reflejos de mis ideas, por eso juzgo todas las cosas cómo quiero que sean”. Por eso, el mundo que vemos refleja nuestro marco de referencia interno: las ideas predominantes, los deseos y las emociones que albergan nuestras mentes.

Si observamos su funcionamiento, veremos que primero miramos en nuestro interior y decidimos qué clase de mundo queremos ver. Luego, proyectamos ese mundo afuera y hacemos que sea real para nosotros, mediante las interpretaciones que la mente realiza de lo que estamos viendo.

Si nos valemos de la percepción para justificar nuestros propios errores (nuestra ira, nuestros impulsos agresivos, nuestra falta de amor en cualquier forma que se manifieste) veremos un mundo lleno de maldad, envidia, resentimiento y amenaza. Tenemos que aprender a perdonar todo esto. No porque al hacerlo seamos más “buenos”, sino porque lo que vemos no es real.

Distorsionamos el mundo con nuestras defensas y, por lo tanto, estamos viendo algo que no está ahí. En Oriente, la percepción se llama “ilusión” o “maya”, porque es una función del cuerpo y, por lo tanto, presupone una limitación de la conciencia. El cuerpo aparenta ser automotivado e independiente pero, en realidad, sólo responde a las limitaciones de la mente y sus creencias.

Cuando somos conscientes de este mecanismo de la mente, comenzamos a reeducarla. Esto significa que abandonamos un estado psíquico inferior para pasar a otro superior, es decir, logramos un crecimiento interno.

A medida que esto ocurre, van cesando las perturbaciones mentales y esa energía que antes se dirigía al ego o a la personalidad inferior, ahora se relaciona con el Sí Mismo o, lo que es lo mismo, con el Yo Supremo o con nuestro Maestro Interno. Comienza entonces un crecimiento que culmina en la transformación de nuestros pensamientos, de nuestros actos, que concordarán cada vez más con nuestra sabiduría interior y con nuestro profundo amor compasivo hacia todos los seres.

Aunque esto parezca imposible, aprendemos a separar el ego (la personalidad inferior de la esencia pura en todos los seres). Por ejemplo: pensemos en una persona que aún no hemos podido perdonar y que nos despierta mucha ira; lo que debiéramos hacer es poder separar su personalidad inferior (con la cual no estoy de acuerdo) pero sí poder amar su esencia.

De este estado mental nace un núcleo de felicidad indestructible, y ésta resuena en el mundo circundante. Este principio nos alienta a extraer nuestra naturaleza suprema innata, de manera tan sólida y firme que podamos construir una dicha interior inquebrantable, sean cuales fueren los problemas o las alegrías que nos ofrezca nuestro entorno.

Cada vez más personas comprenden que el mundo no se compone de elementos separados, sino de fenómenos interrelacionados. Goethe escribió sobre la naturaleza y los fenómenos de la vida: “Inevitablemente llegará el día en el que el pensamiento mecanicista y atómico desaparecerá de todas las mentes de las personas sabias, y en cambio, comenzará a verse en todos los fenómenos su dimensión dinámica y química. Cuando esto ocurra, la Divinidad de la Naturaleza viviente se desplegará ante nuestros ojos con total claridad”.

 

Graciela Meghinasso, Centro Recrearte, Fundación Filosofía y Arte para la Vida. Enseñanza de Yogaterapia y Técnicas de Relajación.

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