Royalty-free Image: Young woman with spread arms looking up

 

Ante determinadas situaciones de la vida que no podemos cambiar, esas cosas que nos golpean y que no podemos controlar, lo mejor que podemos hacer es aprender a aceptar la realidad. Muchas veces nos negamos a lo que nos sucede, nos quedamos atascados en una posición obstinada que en realidad no va a conducir a nada bueno. Es hora de comenzar a dejar ir, a soltar, a entender que si bien ciertas situaciones siempre nos dolerán, pueden dolernos menos si nos enfocamos desde otro lugar.

 

En DBT (terapia dialéctica-comportamental) nos hablan del concepto de aceptación radical. Esta aceptación para ser efectiva, debe ser completa y absoluta, aceptar algo con todas las letras. Aceptarlo en nuestra mente, nuestro espíritu, nuestro corazón. Al aceptar algo radicalmente dejamos de luchar contra lo imposible, contra los molinos de viento que nos creamos.

La aceptación debe ser sentida en cada fibra de tu ser. Para poder comprender mejor el concepto, concéntrate en alguna situación donde realmente hayas aceptado algo completamente, pudo haber sido la muerte de un ser querido, un despido, una ruptura, algo que te haya causado inmenso dolor y que no podías controlar porque no dependía de ti.  Cuando tengas ese recuerdo, piérdete en la pacífica sensación de dejar ir la lucha, de dejar ir las obsesiones y caprichos con respecto a esa situación.

Por supuesto que puedes sentir cierta tristeza, pero el peso de antes será quitado de tus hombros, te vas a sentir más centrado, más libre. A veces el dolor más profundo es la combinación entre el dolor que nos genera determinado hecho más la no aceptación del mismo. Aceptando algo, tienes el poder de convertir la agonía y el sufrimiento en un dolor más pequeño, más manejable, menos asfixiante.

Aceptar nuestra realidad, lo que es nuestra verdad en el aquí y ahora, nos ayuda a entender lo que no podemos cambiar. Quedarnos prendidos en lo que no podemos cambiar solamente es una tortura.

Todas las situaciones nacen de una causa, causas que muchas veces no son manejables por nosotros. No nos castiguemos pensando ¿por qué a mí? Porque la realidad es que todos tenemos nuestra carga que soportar en algún momento u otro de nuestras vidas. Nadie se salva del dolor ni de las pérdidas. Aceptar esto es conectarnos con un estado de paz mental.

La verdad es que la vida siempre vale la pena vivirla, incluso aunque a veces esté salpicada con ciertas situaciones que nos generan tristeza. Si no existiera el dolor no podríamos entender lo que es la felicidad, opuestos que debemos vivir constantemente. Al menos desde la aceptación la vida no es tan compleja, nos ayuda a alcanzar calma. Y no todo es tragedia si podemos transitar nuestra existencia desde el disfrute y la aceptación.

Quiero invitarte a que intentes aceptar esas experiencias que han sido dolorosas, que las veas como instancias de aprendizaje, de fortalecimiento, aceptar la vida en su completa totalidad con todo lo maravilloso que hay en ella, con todo lo terrible que nos puede llegar a pasar. Siendo humanos, viviendo una experiencia intensa es como nos desarrollamos y nos convertimos en mejores personas. El dolor tiene el poder de destruirte o construirte. Podemos vivir desde la negación y la obstinación, o desde la paz y la aceptación. Podemos elegir nuestro camino.

 

Fuente: PsicologiaPositivaUruguay

Anuncios