Royalty-free Image: Woman jumping on bed

 

Según un reciente estudio publicado en la revista científica Emotion, el célebre refrán que afirma que “a quien madruga, Dios le ayuda” parece ser (científicamente) cierto. A través de los testimonios de 700 consultados de edad comprendidas entre los 17 y 79 años, aquellos que afirmaban levantarse temprano eran los mismos que confesaban sentirse más felices. Por ello, asegura el estudio, encaran de manera mucho más positiva el día, resultan más productivos para la empresa y se muestran más despiertos durante la mañana. Las razones que el grupo de investigadores aducen para explicar esta situación se refieren a lo que llaman el cronotipo de cada persona, y que provoca que exista la gente que se encuentra más activa por la mañana (morning people) y la que lo hacen por la tarde y noche (evening people).

Por una parte, puede ser simplemente que los horarios habituales de los centros laborales, el famoso “de nueve a cinco”, favorezca a la gente que se siente más activa por la mañana y siente mal a los nocturnos, de manera que los primeros estarían viviendo según el ritmo que sus ciclos corporales les marcan y los otros no. Sin embargo, los investigadores sugieren otra posibilidad: que la luz de la mañana, más potente que a otra hora del día, tenga un efecto positivo en las personas que la reciben, y recuerdan que la exposición a este luz es una terapia recurrente entre aquellos que sufren trastornos afectivos estacionales. Aunque ser una persona matinal es en gran parte producto de la biología de cada uno, es posible acomodar nuestros hábitos para no encontrarnos cansados desde primera hora de la mañana. El profesorMichael Smolensy asegura en The Body Clock Guide to Better Health (Henry Holt & Co.) que el 70% de las personas son “colibríes”, es decir, que pueden adaptarse a uno u otro ritmo según sus costumbres. A continuación detallamos algunas que nos permitirán convertirnos en personas más mañaneras.

Deja preparado lo que vas a hacer al día siguiente. Pensar en el desayuno que tomaremos, la ropa que nos pondremos y lo que tenemos que hacer al día siguiente es una actividad que requiere un esfuerzo mayor de lo que pensamos. Por ello, es preferible adelantar todo lo posible la noche antes, aunque tardemos un poco más en acostarnos.

–No trasnoches. Por mucho empeño que le pongamos, obviamente, acostarse cada día después de las doce de la noche no nos hará sentirnos bien por la mañana si madrugamos.

Desayuna. Salir de casa con el estómago vacío hará que todo el descanso que hemos obtenido mediante el sueño sea en vano. Es mucho más rentable a la larga levantarse un poco antes y comer algo que hacerlo más tarde y esperar hasta llegar al trabajo a desayunar.

Mantén la misma rutina cada mañana, incluso si esto implica que te tomes un tiempo para ti mismo. Improvisar cada día sobre lo que tenemos que hacer nos hace perder tiempo innecesario. Realizar paso tras paso de manera mecánica quizá nos ahorre esos cinco minutos que nos permitan salir más tarde de casa para ir a trabajar.

Haz planes a primera hora. Si quedamos con un cliente a las nueve de la mañana, nos aseguraremos de estar presentes a dicha hora y de esa manera, nos acostumbraremos a cumplir mejor nuestros horarios. Además, permitirá quitarnos las tareas más complejas y que nos pueden robar tiempo cuanto antes. Lo mismo ocurre por la noche: si se queda para cenar, que no sea a las diez y media de la noche si se puede evitar.

–Haz la cama cuando te levantes. De esa manera sortearás la peligrosa tentación de volver a meterte en ella para echar otra cabezadita o reposar un rato más.

Llega a tiempo donde tengas que ir. En la mayor parte de ocasiones, llegar tarde al trabajo implica salir más tarde del mismo, lo que deriva en que nos acostamos después y por lo tanto dormimos menos… Ser fiel a los horarios establecidos acostumbra al cuerpo a realizar determinadas acciones, y no otras, durante el día.

Disfruta de la soledad. Una de las razones por las que la gente que madruga es más productiva es porque no tienen que enfrentarse a los ruidos, aglomeraciones y nervios que se producen en las horas punta, por lo que aprovechan mejor su tiempo. Muchos escritores afirman, como hacía el mexicano Carlos Fuentes, que preferían levantarse pronto porque les ayudaba a inspirarse. Además, es una manera de evitar los atascos de tráfico, especialmente enervantes para un amplio sector de la población.

No veas la televisión en la cama. Esta debe utilizarse sólo para dormir (y, quizá, leer), y debemos evitar pasar en ella tiempo dedicado a otras actividades, especialmente ver la televisión o utilizar el ordenador portátil, ya que la luz que desprenden estos aparatos trastorna nuestros ciclos de sueño.

No dormir después de que el despertador suene. Si todos los pasos anteriores se han llevado a cabo correctamente, cuando la alarma nos despierte no sentiremos falta de sueño, aunque en un primer momento pueda parecerlo. Debemos hacer el esfuerzo de levantarnos a la hora indicada y no volver a caer brazos el sueño, puesto que esto nos retrasará esos cinco minutos que pueden ser decisivos para poder tomarse el día con calma y no correr de un sitio a otro.

 

Fuente: ElConfidencial

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