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Después de haber presentado la anatomía de la rodilla, veremos ahora unas nociones de cómo funciona esta articulación, es decir, la biomecánica de la rodilla.

Conociendo el funcionamiento de la rodilla sabremos por qué hay estructuras que tienen tendencia a lesionarse, como es el ligamento cruzado anterior y el menisco interno especialmente.

Particularidades de la rodilla

La articulación de la rodilla tiene que responder a dos exigencias mecáncicas contradictorias: movilidad, para permitir desplazamiento del cuerpo y todo tipo de movimientos, y estabilidad, para soportar el peso corporal así como la carga en la fase de apoyo de la marcha.

La biomecánica de la rodilla es particularmente compleja, debido a la multitud de elementos que la conforman (ligamentos, meniscos, segmentos óseos con formas muy particulares…) y a las exigencias de movilidad y estabilidad.

La rodilla está sustentada por unos músculos muy voluminosos, como es el cuadriceps pero también gemelos y musculatura femoral (isquiotibiales). Esto supone la ventaja de que entrenar esta musculatura tan potente ayuda a dar consistencia y firmeza a la articulación.

Aunque también son frecuentes ciertos problemas de desequilibrio muscular, donde unos músculos son más fuertes que otros, y pueden provocar problemas de la alineación de la rótula.

 

  • Los ligamentos laterales (interno y externo) limitan la extensión y la rotación externa de rodilla.
  • Los ligamentos cruzados (anterior y posterior) evitan que se separen la tibia y el fémur. Favorecen la coaptación de la articulación, es decir, siempre hay fibras de estos ligamentos que están tensas, para favorecer que en la articulación permanezcan próximas las superficies articulares del fémur y la tibia. También limitan la rotación interna de rodilla

Musculatura de la rodilla

La rodilla está cubierta por musculatura muy voluminosa y potente, que sirve para dar movilidad pero también estabilidad a la articulación. Esto tiene la ventaja de que un buen entrenamiento muscular ayuda a proteger a la rodilla.

Una musculatura potente, resistente, ayudará a aliviar el esfuerzo que sufran otras estructuras más delicadas, como son los segmentos óseos, los meniscos y, sobre todo, los ligamentos.

Lesiones de rodilla y su prevención

Las lesiones más graves de rodilla suelen producirse por mecanismo indirecto, es decir, una torsión de la rodilla que provoque rotura de ligamentos, un mal apoyo al caer, un giro brusco del cuerpo dejando el pie fijo en el suelo…

Las lesiones de ligamentos requieren mucho tiempo de recuperación, así como operación quirúrgica. La musculatura se puede entrenar para que esté fuerte, flexible y ayude a proteger a la articulación, pero no se puede entrenar a los ligamentos o meniscos, ya que son elementos pasivos, pero son los que más lesiones sufren, y más graves.

¿Qué podemos hacer entonces? Además del entrenamiento equilibrado de la musculatura que afecta a la rodilla, no hay que olvidar el entrenamiento de tipo propioceptivo.

Con este tipo de entrenamiento acostumbramos a las articulaciones a adaptarse rápidamente a todo tipo de exigencias: saltos, giros, torsiones, compresiones, cambios de dirección, desequilibrios… Es una forma de garantizar que todos los elementos van a responder de forma rápida y precisa cuando haya una situación de estrés, como puede ser una caída o un giro brusco.

De esta forma, nuestro organismo estará más preparado a responder ante mecanismos indirectos que puedan dañar a una articulación tan sensible como la rodilla. Es una forma de minimizar riesgos y ayudar a que, en caso de lesión, esta sea lo menos grave posible.

Continuaremos tratando más temas de rodilla, hablando sobre anatomía, biomecánica y lesiones típicas en el deporte.

 

Fuente: Vitonica

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