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Los casos aumentaron en los últimos dos años. Lo afirman abogados y psicólogos. A través de los comentarios de los usuarios, detectan clientes. Es un delito y tiene serios riesgos para los estafados. Crece la usurpación de títulos en las redes sociales.

Una falsa psicóloga capta pacientes por Twitter. Entra a una Twitcam (espacio donde los usuarios se muestran por cámara web e interaccionan con los demás) en la que se tocan temas de interés social. Dice ser psicóloga social y llamarse Claudia Alejandra, sin apellido. Un usuario comenta que él come obligado porque no siente hambre. Y pregunta si sufre bulimia o anorexia. Ella no sabe responder la diferencia entre las dos enfermedades. “Son cosas muy graves y hay que tratarlas. Mandame un mail que yo te puedo ayudar”. Los mismos usuarios de Twitter dieron el alerta: la tal Claudia Alejandra, de psicóloga no tiene nada.

Como éste, existen muchos casos. “Cualquier asociación profesional lo advierte. La usurpación de títulos virtual existe, y es una preocupación de todos los colegios. Tanto de abogados, como de médicos o de cualquier otro. Es una realidad que se está dando. Antes se imprimían tarjetitas, ahora se virtualizó todo”, asegura Laura Calógero, asesora letrada del Colegio Público de Abogados de Capital (CPACF).

Clarín lo comprobó: este cronista recibió un mensaje en su cuenta de Twitter de una abogada que le ofrecía sus servicios. Pero en el CPACF no estaba registrada. A la consulta de si era un error, la respuesta fue contundente: media hora después, el usuario de Twitter estaba dado de baja.

Calógero indica que los casos de falsos profesionales mantienen un aumento constante, y el incremento más fuerte se dio en los últimos dos años gracias a Internet. Menciona el ejemplo de las páginas web: “Al Colegio le hicieron una copia de su dirección web. En lugar de cpacf.org.ar, crearon cpacf.org. Allí se hacía publicidad de grandes estudios. Por suerte, pudimos recuperar el dominio. También existen páginas web que dicen ser estudios jurídicos, y te encontrás con que el administrador no tiene ni el título”, asegura.

Las redes sociales brindan un escenario ideal para personas que buscan engañar a sus interlocutores, explica Pedro Horvat, psiquiatra de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA): “En las redes se produce un fenómeno psicológico por el cual la persona siente que si un usuario está en su grupo, seguramente es su amigo. Esa desaparición de las diferencias, sumado al acercamiento artificial de las personas, favorece a que disminuya nuestra alerta habitual”. José Sahovaler, psicólogo especialista en tecnología y también miembro de APA, agrega que la herramienta más común utilizada por estos falsos profesionales es el “pensamiento mágico”. “Es eso que influye en las supersticiones y en el negocio de los curanderos y tarotistas”, cuenta.

Existe una diferencia entre los sitios web que buscan engañar a sus usuarios y las personas que usan las redes sociales como escenario de captación. En el primer caso, la víctima del engaño debe ingresar a una página y contactar al estafador. En el ámbito de las redes sociales, el victimario va en busca de sus objetivos, y la información de libre acceso que allí circula abona un terreno propicio.

Es por esto que Sahovaler explica los riesgos de caer en manos de un profesional fraudulento, y cita como ejemplo a un falso psicólogo: “Un consejo puede dar un alivio, pero no se sostiene en el tiempo. El problema está en enfermedades graves, como pueden ser la bulimia o anorexia. No basta con decirle al chico que tiene que comer, porque todo el mundo se lo dijo ya. Ese chico necesita un tratamiento serio. La psicología no tiene garantía de éxito, como ninguna práctica médica la tiene. Pero si existe una garantía de fracaso cuando se cae en manos de quien no tiene las herramientas”.

En todos estos casos, además de riesgos, hay un delito. “Están presentes la estafa, la usurpación de título y honores, y en caso de un falso médico o psiquiatra, ejercicio ilegal de la medicina”, detalla Gustavo Tanús, abogado experto en Internet.

¿Por qué es difícil investigar quién los comete?

Los delitos penales que involucran estos casos pueden recibir una pena de entre un mes y seis años de prisión. Las víctimas deben hacer la denuncia en la fiscalía de su jurisdicción o en una comisaría.

Gustavo Tanús aclara que para la Justicia el delito cometido en Internet es tan grave como el que se desarrolla en cualquier otro ámbito. “La gente cree que en Internet no pasa nada, cuando la única diferencia radica en la dificultad para averiguar quién está detrás de la pantalla”, explica. El problema es que las sedes de las comunidades online más utilizadas se encuentran fuera de la jurisdicción argentina, pese a que las empresas tengan presencia en el país.

“Cuando le pedís a Microsoft de Argentina información sobre Hotmail, te responden que eso corresponde a la sede estadounidense, y en EE.UU. sólo te dan información de los usuarios cuando lo pide un juzgado penal. Eso lleva tiempo, y se suma a que los proveedores no están obligados a guardar la información de navegación de sus clientes por mucho tiempo. Cuando uno consigue los datos en el sitio, y los quiere comparar con los del prestador del servicio, muchas veces la información ya no existe”, protesta. Por eso destaca que la mejor forma de proteger la información personal en Internet, es no publicarla.

Por su lado Laura Calógero, agrega que “cualquier persona puede registrar un dominio .com.ar desde cualquier país del mundo. Esto trae una dificultad para accionar legalmente, ya que el delito se convierte en internacional”. Por eso aconseja extremar “las precauciones al contratar profesionales en línea”.

 

Fuente: EntreMujeres

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