High-Res Stock Photography: young couple kissing eachother at party

 

Asomarnos a la intimidad de nuestros hijos muchas veces nos incomoda, pero evitar el diálogo y privarlos de una buena educación sexual, en un marco de respeto y contención, deja a los chicos muy expuestos al riesgo de adquirir una enfermedad. ¿Por qué es importante hablar del cuerpo y de la sexualidad con los hijos? ¿Cómo hacerlo? ¿Cuándo? Responde una especialista.

En la adolescencia comienzan las primeras relaciones amorosas y, a veces, los/as jóvenes confunden el amor con la confianza y el cuidado. Creen que amar y ser amados es la garantía absoluta para no correr riesgos de contagio pero, lamentablemente, no es así. El VIH y otras infecciones de transmisión sexual (HPV, sífilis, gonorrea, hepatitis B, etc)  no portan una cara particular, ni son propiedad de algún tipo “especial” de personas.

Generalmente  los/as jóvenes no realizan controles médicos, no concurren solos a los servicios de salud y tampoco conocen cuál es el estado de su salud sexual. Desconocen que existe la Ley de Salud Sexual y Procreación Responsable, la cual contempla la posibilidad de que consulten, en hospitales o centros de salud, a partir de los 14 años, sin necesidad de ser acompañados por un mayor.

Por otro lado, sus primeras relaciones amorosas no suelen ser muy duraderas, y es posible que tengan varias parejas durante la adolescencia. Estas son algunas de las causas que determinan, para este grupo, un mayor riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual.

En nuestro país se estima que hay más de 127.000 personas que viven con el VIH/Sida, de los cuales un 60% desconoce que está infectado. Las campañas que se realizan anualmente y las políticas públicas de salud  no resultan  suficientes para llegar a toda la población, educando, informando y generando conciencia sobre la importancia y eficacia  que tiene el uso del preservativo para la prevención tanto del VIH/Sida como de otras infecciones de transmisión sexual.

En un sondeo de opinión realizado por el Celsam, basado en los llamados que recibía esta fundación para consultar sobre VIH e ITS (infecciones de transmisión sexual), sobre un total de 200 encuestados el 32% admitió que la principal razón para no realizarse el testeo de VIH/Sida fue asumir que su pareja no podía estar infectada.

Esta opinión pone de manifiesto una suerte de discriminación positiva que no hace otra cosa que facilitar la adquisición de una infección de transmisión sexual.

 

De dónde obtienen la información los adolescentes

Para los/as adolescentes la fuente más directa para buscar información sobre temas de sexualidad es Internet. Allí encuentran, por lo general, información incorrecta, llena de mitos y errores. En este medio los temas sobre sexualidad suelen estar relacionados con la erotización, la pornografía y el exhibicionismo, y no transmiten un mensaje que ubique a la sexualidad humana en el lugar que merece.

Por otro lado, el diálogo sobre estos temas se desarrolla primero entre pares antes que con los padres, y sin saberlo también comparten desinformación y mitos.

En las familias aún hoy cuesta hablar sobre sexualidad. Muchas veces se espera  la llegada de la pregunta de los hijos recién para decir algo. Pero si esta pregunta no fue formulada en el hogar es posible que ya la hayan  resuelto por otras vías menos seguras y confiables.

El cuidado del cuerpo, el desarrollo sexual, los métodos anticonceptivos, los roles de género, la prevención del abuso sexual, el derecho a decidir cuándo tener la primera vez, deben ser enseñados primero en el hogar, dentro del grupo familiar.

Lamentablemente, en las escuelas aún no se están dictando adecuadamente las clases sobre sexualidad ni se han capacitado a los docentes para que las impartan, como enuncia la Ley de Educación Sexual promulgada en 2006.

Los adultos tienen un genuino interés por la sexualidad de sus hijos, pero a la hora de abordar el tema, muchas veces prima el temor a dañar por informar, el sentimiento de no ser capaces de hacerlo correctamente por falta de conocimiento o, simplemente, la fantasía de que aparecerá un interlocutor más idóneo en la escuela o los medios de comunicación. Pero sabemos que esto no ocurre así. En el silencio de los padres convive la ambivalencia de sentir a sus hijos muy chicos para hablarles, o por el contrario ya muy maduro y conocedores de estos temas.

Otro grupo de progenitores asume una postura más rígida y menos participativa. En esos hogares se instaura un monólogo dogmático que pretende cuidar desde la prohibición y el interrogatorio. Esta conducta es percibida por los adolescentes como un “reto” o simplemente un ordenamiento de cosas prohibidas, que los lleva a cerrarse más y a no compartir sus vivencias y preguntas en sus casas.

Es importante que la enseñanza empiece en casa. Los jóvenes necesitan sentir confianza para hablar con sus padres. Si éstos desean cuidarlos, deben darles las herramientas necesarias para hacerlo y enseñarles a tomar decisiones  desde la conciencia, el cuidado y el respeto tanto por ellos como por los demás. La prohibición aumenta el deseo y la curiosidad. Es la familia quien debe tomar la posta en el cuidado y en la educación sexual de sus hijos desde los primeros años de vida.

 

La licenciada Andrea Gómez organiza encuentros y talleres con padres/madres y adolescentes sobre educación sexual.

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