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¿Recuerdas cuando eras un niño? ¿Cuándo cada día era una experiencia emocionante? Las horas parecían más eternas, todo era una aventura, un descubrimiento a cada paso, a cada instante.

Cuando vamos creciendo en algún punto vamos aniquilando nuestra inocencia, nuestra capacidad de asombro, nuestra curiosidad. Hermosas cualidades que si las mantuviéramos vivas podrían contribuir a que nuestra rutina jamás perdiera su magia. En vez de acostumbrarnos a las bendiciones que tenemos, podríamos sacarle el jugo y tenerlas presentes siempre para darnos energía y felicidad diaria.

No tomemos la vida tan en serio, aprendamos a desestructurarnos, a darnos el permiso para divertirnos, para reconectarnos con nuestras emociones, seamos responsables sin olvidarnos del tiempo que hay que dedicar a nuestro esparcimiento. Alimentemos nuestro espíritu con nuevos aprendizajes.

A veces vamos por la vida como si estuviéramos en piloto automático, vamos olvidando la belleza de las simples cosas, o la fuerza que nuestros sueños tienen. Vamos cayendo en virus mentales como que no podemos hacer nada para cambiar nuestra situación, o no tenemos tiempo, cuando en realidad a veces simplemente escogemos darnos por vencidos.

¿Y si nos despertamos? ¿Y si comenzamos a ser más concientes de los detalles, de las sensaciones, de la diversión, del amor? ¿Qué pasaría si escogieras aprender algo nuevo? ¿Leer un nuevo libro? ¿Asistir a algún curso? ¿Y si desempolvaras un viejo hobby? ¿Qué te gustaría hacer que hace tiempo has estado posponiendo?

Cada experiencia disfrútala al máximo, no te pierdas pensando que harás después de ese momento, concentra toda tu energía en ese ahora. Despierta tu curiosidad por el mundo y por las personas que te rodean. Cuando somos niños tenemos el poder de ser quienes queremos, no hay límites en nuestra imaginación, los límites lo vamos imponiendo nosotros con el pasar del tiempo.

Deja de lado esos paradigmas que en nada te ayudan, bríndate el permiso para ser libre, para redescubrirte, para divertirte, para entregarte, para cuidarte. La vida no tiene por qué ser algo insostenible, serio y aburrido, puede ser un juego, puede ser mágica. Reaprende a mirar desde los ojos de tu niño interior, reconéctate contigo mismo y despierta el potencial que una vez supiste tener.

 

Fuente: Psicología Positiva Uruguay

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