Alessandra Rampolla. Foto: Enrique Rosito. Viva

 

En poco tiempo la portorriqueña se casó, bajó cerca de treinta kilos y se cortó el pelo. Pero entre tanto cambio, su esencia permanece intacta: sigue siendo la mujer ambiciosa que siempre fue y la sexóloga famosa por no tener pelos en la lengua.

 

Alessandra (atención que el Rampolla quedó afuera de la tarjeta que promociona su nuevo sitio web) piensa que lo más delirante que escuchó de parte de una televidente, quiere decir, la pregunta más inspirada que recuerda en todos estos años, fue si era posible que el semen ocasionara caries.

(Nos parece que no hace falta aclarar que se trata de una nota con una sexóloga, alguien hot por definición y mercadeo, de manera que eso del semen y las caries no tiene nada de destacado al lado, por ejemplo, de algo que vimos en la tele hace unas pocas noches: había una vedette que medía con un centímetro de costurería la longitud del pene de un conductor, bragueta cerrada por medio. Vemos, entonces, que no tiene nada de especial, y es claramente más ingenioso lo del semen y sus potenciales contraindicaciones).

Segunda en ese ranking insólito puede figurar aquella fan que llamó a Alessandra a la tele para preguntarle si había estado bien, es decir, si era normal, si ella lo veía normal, y en todo caso si lo podía seguir haciendo, si estaba bien aprovechar el efecto succionador de la aspiradora para autosatisfacerse sexualmente.

Bueno: hay un escocés llamado David Levy, que escribió un libro (de título y subtítulo, esos libros serios), que traducido al español vendría a llamarse Amor y sexo con robots (La evolución de la relación humano-robot). Ahí postula que habrá un día, no tan distante, en que los autómatas nos ilustrarán sobre todos los trucos sexuales posibles, y el amor carnal, y más allá, el matrimonio, sucederá, preferentemente, con ellos.

“Qué rico tomar de la botella”, dice Alessandra, y sorbe del pico de la botellita de agua: su reserva mundana bajo los oros del hotel de elegancia europea. No diríamos, ni dirá esta mujer de 36 años y delicados procederes generales, que está flaquísima. Se la ve “menos goddita”. O bastante. Bajó más de treinta kilos luego de someterse a un by pass gástrico. Pero no responderá con amplitud sobre cómo impacta eso en el desempeño íntimo. Le parece que “poco”, y que en todo caso le preguntemos al marido, a John, a quien saludamos más temprano en el lobby. Dejemos esto así con John.

Con su esposa, la sexóloga ahora menos goddita, empezamos conversando sobre su página web, la nueva, Universo Alessandra, que le permite a ella, que ha sido “un poquitito fantasma” –sus programas se graban aquí y se pasan allá–, estar más cerca de su público. “Me posibilita tener contacto directo. Me hacía falta. Igual que con el Twitter –escúchese chuírer–, donde twitteo yo misma. Siempre me hago un tiempo. Tengo ganas de que me conozcan un poquito más a mí. No es la sexología lo único que me importa en la vida. Quiero mostrar el yo completo de la mujer. Mi microcosmos.”

¿Y qué quiere saber la gente de usted?

¡Qué no quiere saber! Mi color de lápiz de labios, la marca de la ropa que uso… me consultan por sus crisis de identidad, sus relaciones de pareja. Cosas que no se animan a hablar con la gente de su confi anza. Sienten que me conocen un poco y que si nos conociéramos personalmente podríamos ser amigas. Yo les hablo de mí como una persona que ha logrado un determinado éxito, como mujer, como latina, una mujer tan joven… pero ahora desde un lugar más unificante. Alessandra es una persona completa.

Bastante más flaca, y de pelo corto. ¿Salud y relanzamiento?

Salud, y ¡calor! Me moché el pelo cuando llegué en julio a Puerto Rico y dije: “No puedo más”. No fue una estrategia de marketing, nada. Tampoco hubo nada pensado en torno a mi carrera cuando tomé la decisión de operarme para bajar de peso. En todo caso fue pensar un poquito: “Ay, a lo mejor no cambiar mi estética es positivo para mi carrera”. Tuve miedo de que no entendieran por qué lo hacía. La decisión de operarme tiene que ver con mi idea de ser mamá en algún momento de mi vida, y que sea la experiencia más sana dentro de lo que yo pueda controlar. De otra manera, me sentiría irresponsable. Soy muy obsesiva en todo.

¿No tenía derecho a operarse para estar más flaca porque le gustaba?

Claro, también estaba bien. Creo que se le presta demasiada atención al tamaño del cuerpo. Hay una obsesión absurda. Mucha gente flaca es muy fea. La diversidad hace linda a la gente.

¿Su gordura era interesante?

Era interesante. Llamó la atención, y más por el contenido de lo que yo estaba presentando. Soy una de las pocas personas que no entra dentro del molde del que puede triunfar, y eso no está bien. Era una de las poquitas gorditas en la tele y sigo siendo gordita: by the way, soy grande, no tengo nada chiquito en mi cuerpo. Tenía una gordura importante, pero al día de hoy no soy flaca. Igual, algunos se me han quejado porque bajé de peso.

¿Mejora el sexo con menos kilos encima?

Depende de la persona, de su condición física de salud como consecuencia de la obesidad. En el caso mío no fue diferente… ¡Tienes que preguntarle a mi esposo! ¿No le dijo nada él? Nos expresamos, pero en cuanto a eso nunca me ha dicho nada. A lo mejor está siendo
muy political correct. En lo que a mí respecta no cambió nada. No siempre fui obesa. Fui mucho más flaca que ahora. Subí de adulta, como a los 25 años, y entré a la televisión a los 27, en la etapa temprana de mi obesidad. Había tenido experiencia sexual cuando era delgada. En mí lo que más influye es la neurosis femenina: eso de que un día te ves linda y otro día no. Soy muy vanidosa desde chiquita, es como una enfermedad. Tengo un serio problema de vanidad.

¿Dice para agradarnos que Buenos Aires es su segundo hogar?

¡No! Desde la primera vez que estuve me sentí muy bien. Vine de turista, porque tenía un novio argentino. Y los novios argentinos jalan. Es una ciudad muy linda, con mucho lugar para el arte, las muestras, muchas actividades… Nunca había visto esto con sabor latino. Además, el acento de los argentinos es genial. La gente es tan nice… Y en cuanto a libertades sexuales estamos bien. Usted lo dice. Comparados con otros países, los argentinos se animan más. En otros lugares me preguntan cómo retrasar la eyaculación, ¡y aquí me preguntan por el latigazo!

¿Hubo alguna pregunta en sus programas que no pudo contestar?

Muchas. Me pasa a cada rato. Preguntas de índole médica, que no sé responder. No me parece mal que no me sepa las respuestas. No soy una enciclopedia.

¿Y algo gracioso de índole “no médica”?

Por ejemplo, la chica que preguntó si tragar mucho semen podía provocarle caries. Le dije que tendría que ser una cantidad exorbitante. Y tampoco así. Hubo otra chica que me preguntó sobre masturbación con una aspiradora. Me contó que un día que estaba limpiando en la casa, dijo: “Mmmmh, esto chupa…”. Yo le dije: “Está bien, pero no”.

¿Por qué no? ¿Hay límites?

Sí, hay muchos. Primero, el sexo debe ser entre adultos y de manera ciento por ciento consensual, así sean 42 los que participen. Y nunca debe ocasionar daños físicos ni emocionales. Es una zona muy gris. Te doy una nalgada y me dices: “¡contra, me dolió”. Y otro: “qué rico, dame otra”. Pero es muy difuso, muy subjetivo.

¿Le molesta la hipersexualización de las mujeres, los primero planos de las colas en las tapas de revistas y en los programas de la tele?

No me molesta. Pero me parece que tendría que haber más igualdad de género. Que no todo el tiempo sean cuerpos femeninos los que estén expuestos. Hay un permiso social para que el hombre alimente su erotismo. La mía es una crítica de invitación al balance, no de censura. Hay que tener horarios y lugares que se respeten, no todos están preparados para ser bombardeados con ese tipo de imágenes. Es muy grande, por ejemplo, la presión social para las niñas preadolescentes, que de tan chicas ya están empezando a pensar: “si no caliento no consigo novio”. A mí no me ofende la desnudez, pero no es algo para todo el tiempo y en todas partes. Alessandra viene seguido a Buenos Aires, a grabar sus programas. El último fue Sexy tips, que aún dan en Cosmopolitan TV. Pronto llegará el primero “con pelo corto”.

Sueño personal: ser madre, “cuando Dios lo mande”.

Sueño laboral: “Tantas cosas”. “Soy muy pro evolución, muy ambiciosa. Siempre quiero algo más grande, más complejo. Más, más, más. ¡Me quedaré con el mundo!”

It’s enough, perdón, suficiente, con eso.
Besito, Alessandra.

 

Fuente: EntreMujeres

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