Royalty-free Image: Indian woman talking on telephone

 

La notebook, el celular, los libros, textos, informes··· Todo metido entre el placer y vos

 
El trabajo y sus rutinas “full life” se han colado entre las sábanas y complican la vida sexual y afectiva de muchas parejas. Por qué es importante reordenar prioridades y recuperar la cama como zona lilberada.

La vida sexual y las preocupaciones no se llevan bien. Todos lo sabemos. Cuando los problemas se “meten” en la cama, la cama se constituye en un espacio de conflicto, dudas o, simplemente, indiferencia. Y todo se agrava cuando la incomunicación agrega su cuota de distancia. Pero no sólo los conflictos imíden o complican el contacto sexual: convertir el espacio de encuentro en una oficina nocturna tiene las mismas consecuencias que los desvelos de otra índole.

Hombres y mujeres suelen llevar a la cama papeles, computadoras, celulares o material de escritorio, con la intención de acelerar una tarea pendiente o, lo que es más nocivo para la pareja, reemplazar el tiempo y la oportunidad del encuentro (muchas veces la única durante el día), por actividades laborales.

Los argumentos son varios: “me presionan para que entregue el trabajo”, “es el único momento que tengo para buscar información”, “a esta hora estoy más tranquilo y me concentro mejor”, “no tengo tiempo durante el día para responder tantos mensajes”. En todos los casos, existe un estado de ansiedad que subyace, además de un sinnúmero de justificaciones y excusas que la acompaña (muchas de ellas, para colmo, atendibles).

¡Zona de riesgo! La ansiedad se cuela impidiendo establecer prioridades y ser cuidadosos con la propia vida y la ajena. La incertidumbre mata la tranquilidad personal y la vida de relación. Creemos que si no cumplimos con el trabajo en tiempo y forma estamos en riesgo de perderlo, o nos exigimos de tal manera como si el jefe, el gerente o el capataz estuvieran junto a la cama dictaminando o felicitándonos por la eficiencia incondicional. Y no sólo perdemos espacios de sosiego y placer que deberían ser destinados al descanso, a la recreación o a reencontrarnos con el amor y el sexo: también dejamos que se instale una costumbre, una nueva forma de rutina. Todo mal.

El trabajo como defensa

En otros casos, el trabajo en la cama es una verdadera defensa que encubre miedos a la comunicación y al contacto sexual. La coartada del dolor de cabeza o el cansancio ya no es suficiente o ha sido cuestionada. Se hace necesario encontrar nuevas disculpas: extender la oficina a la cama suele ser la ideal.

Es posible que la persona esté preocupada por algún problema sexual que le haya ocurrido en algún momento y teme a que se repita. Los hombres son más sensibles al “miedo a fallar” cuando han tenido algún inconveniente previo (sobre todo en la erección), aunque sea una única vez. El trauma de saber que el pene puede estar fuera de su control, volviéndose flácido en el instante de la penetración, los vuelve temerosos y se anticipan mal a un nuevo encuentro. Las mujeres son más susceptibles a la disminución del deseo cuando el contacto sexual se ha vuelto rutinario, falto de intensidad y de novedad en la propuesta amorosa. En ambos casos y por diferentes razones, se instala la rutina y la incomunicación. Los espacios vacíos, aquellos que deberían ser llenados por el diálogo franco, son completados por acciones o falsas justificaciones.

La soledad protege

No sólo las parejas niegan los problemas de relación, reemplazándolos por trabajo a la hora de estar juntos, también lo hacen las personas que viven solas. Muchas mujeres -y hombres- se recluyen en sus espacios con el fin de no exponerse a conquistas vanas, con mucha labia y poco compromiso. La soledad actúa como una defensa.

La casa o el departamento se han vuelto territorios de protección ante las frustraciones amorosas. Para estas personas nada más cierto que “mejor estar solo que mal acompañado”. El trabajo y la tecnología ocupan el lugar de la vida social y amorosa. Las redes sociales crean la ilusión de contacto con amigos y candidatos virtuales. Pareciera que el encuentro cara a cara, el compromiso afectivo, la comunicación honesta y la concreción de un proyecto de pareja fueran ideales cada vez más lejanos.

No hay recetas, pero empezar por advertir que nos estamos pateando en contra es un buen punto de partida. Hora de pensar cómo decir basta y redefinir prioridades, en favor de una vida mejor. Solos y acompañados.

Algunos tips

* Tratá de establecer como prioridad el descanso, las actividades recreativas y el compartir.

* Relajate antes de ir a la cama. No es recomendable prolongar las actividades diurnas. Los e-mails o llamados pendientes pueden esperar.

* Reconocé las distintas formas de manifestación de la ansiedad. Es posible que confundas “ser ansioso” con “ser eficiente”.

* Si no podés con tu inquietud, escuchá a los que quieren ayudarte.

* El trabajo en casa o en la cama debería ser una excepción y jamás convertirse en rutina.

* No uses la noche para programar paso por paso el día siguiente.

* Alejá las computadoras, teléfonos y papeles de la mesa de luz. Tené bien cerca una música suave, un buen libro o comunicate con tu pareja.

Fuente: Derf
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