Muchas personas, varones y mujeres, tienen problemas para lograr establecer vínculos o lograr acercarse a la mujer o varón que les atrae, en algunos casos esto solo sucede cuando hay interés amoroso o sexual, pero en muchos otros casos afecta todo tipo de vínculos.


En sexología clínica llamamos a estos problemas, trastornos del cortejo o de la seducción. Puede presentarse como una inhibición (leve, hasta el desarrollo de una fobia), como angustia y ansiedad, puestas en el cuerpo, en los pensamientos y en las conductas y como miedo: miedo a hacer algo con esa mujer, miedo a no poder manejar lo emocional de uno mismo. “no lo hago, porque tengo miedo de llegar a estar con ella, que me rechace, y si pasa eso me voy a sentir muy mal y no lo voy a poder superar”.

Así, una gran angustia los invade si tienen que hablar, invitar o llamar por teléfono a una persona que les interese. Aparecen síntomas como sudoración, calores, palpitaciones, sensación de querer huir y evadir ese momento.

Aunque esto les pasa a varones y mujeres, se ve la dificultad más en los varones. A la mujer, históricamente, se le ha enseñado, a ser pasiva, a no tomar la iniciativa y a esperar ser conquistada, aunque poco a poco la cosa va cambiando.

Algunos varones que sufren este problema, al sentirse frustrados por no poder llevar a cabo la conquista, reaccionan de muy mala manera frente a las mujeres, a veces se ponen agresivos, irónicos y las desvalorizan. Actitud que por supuesto termina invalidando cualquier posibilidad de acercamiento, aunque hubiera interés.

Dada la gran sensación de inseguridad y falta de autoconfianza, de estas personas, es importante, terapéuticamente, ayudar a recuperar su autoestima, brindándole herramientas para poder confiar en sus capacidades.

La seducción es un arte que carece de reglas estrictas. No hay fórmulas para el éxito. Por tanto, debemos huir de supuestas “tácticas” infalibles y creer en nuestra capacidad de conseguir aquello deseado. Ante todo, hay que confiar en uno mismo. La inseguridad es un enemigo. Cuando aparece, perdemos toda la naturalidad y nos obsesionamos con un hipotético fracaso que, aunque en ese momento no sea realidad, a la larga puede ser posible, a menos que cambiemos de actitud.

Es también importante desterrar algunos falsos mitos entorno a la seducción. Por ejemplo, creer que sólo son capaces de seducir las personas bellas.La seducción no es un juego de belleza, sino que lo más importante tiene que ver con un estilo de relacionarte, primero con una misma para sentirte seductora y, después, con los demás para trasmitir esa seducción.

Pensemos que hay gente muy bella que no trasmite nada, y sin embargo también existe gente que no es muy bella y es tremendamente seductora. Lo que seduce es ser uno mismo. Lo que precisamente nos atrae es tener un estilo personal.
No es posible seducir a todo el mundo; no se puede gustar a todos en todos nuestros comportamientos. Como tampoco es posible que gustemos a nuestra pareja en todas nuestras facetas, en todos nuestros actos, en todas nuestras opiniones. Para ser seductor no es necesario tener o incorporar todas las cualidades reconocidas social y culturalmente como seductoras o sensuales.

Lo importante es reconocer las propias capacidades innatas, saber presentarlas adecuadamente y trabajar con uno mismo para desarrollar aquellos aspectos en los cuales tenemos mayores limitaciones.

Pero no consiste en crear un personaje, ni de imitar a las modelos o a los estereotipos de belleza que se muestran en los medios. Tener una buena autoestima es tener un buen auto-concepto y una buena valoración propia.

Pero para esto es fundamental ser realistas, para ver defectos y virtudes. Y por sobre todo, saber que nuestra vida transcurre entre éxitos y fracasos que podremos ir aceptando y asumiendo en la medida que tengamos confianza y seguridad en nosotros mismos.

Fuente: Derf

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