Que un ‘Happy Meal’ pase de 520 calorías a 410 puede ayudar, entre otras cosas, a que se sufran menos problemas de obesidad, diabetes o hipertensión en aquellos asiduos a los restaurantes de comida rápida.

Precisamente, para evitar que las enfermedades coronarias producidas por un exceso de peso sigan siendo una de las principales causas de mortalidad en EEUU -con casi 40 millones de personas padeciendo sobrepeso-, en 2008 se obligó en Nueva York a que todos los restaurantes de comida rápida informaran mediante la etiquetación de sus productos del número de calorías que se ingería cuando te los llevabas a la boca, lo que ha conseguido que los famosos fast-food se pongan las pilas… pero no tanto sus clientes.

 

Tres años después después de esta medida, un estudio publicado en la revista ‘British Medical Journal’ demuestra que lo que se esperaba como un manotazo contra las calorías gracias al ‘efecto etiquetado’ se ha quedado en una ‘palmadita en la espalda’ positiva, pero no del todo satisfactoria.

 

“Tras estudiar 11 cadenas de comida rápida antes y después de la puesta en marcha de la ley, hemos comprobado que sólo uno de cada seis clientes habituales anteponían la ingesta excesiva de calorías a este tipo de comida, aunque en los datos generales descubrimos que no hubo una reducción significativa en las casi 8.000 personas estudiadas”, asegura la coautora del informe, la doctora Lynn Silver.

 

“Creemos que, en general, estos resultados iniciales son positivos”, añadía la doctora Silver, aunque remarca que quizá esta información tenga que ser apoyada por otras vías de comunicación, ya que “aquellos que aseguraron tomar alimentos más bajos en calorías eran los mismos que dijeron estar al tanto de lo que tomaban, cosa que no apareció en el resto de consumidores menos informados”, apunta esta especialista.

 

El carácter positivo de los datos también lo recalcan varios especialistas españoles que piden más tiempo para que esta medida de sus frutos. “Cualquier medida que informe y ayude a tomar conciencia de lo que estamos tomando es beneficiosa, pero no se pueden esperar resultados explosivos con tan poco tiempo”, explica José Manuel Fernández Real, jefe de la sección de diabetes del Hospital Josep Trueta de Girona. “Puede pasar como lo que ocurrió al colocar imágenes en las cajetillas de tabaco: al principio no había resultados importantes de incidencia, pero a un medio-largo plazo ayudaron a dejar de fumar”, añade este doctor.

 

 

Los restaurantes se ponen al día

Al contrario de lo que podría parecer, la parte más positiva se encuentra en el lado de la oferta. En España y desde hace unos pocos años, los restaurantes de comida rápida ofrecen ensaladas o menús bajos en calorías, mientras que la cadena McDonalds ya ha anunciado en EEUU que en los próximos meses ofrecerá sí o sí rodajas de manzana en los menús infantiles en detrimento de las patatas fritas.

“La obesidad hay que tratarla como una epidemia y no sólo EEUU tiene un problema grave con ella. Si allí son 40 millones de personas las que tienen sobrepeso, en España es un 26% de su población y, de ellos, se observa que son las clases socioeconómicas más bajas las que más problemas de peso tienen. Si se empieza a ofrecer comida sana a un precio económico se estará haciendo un bien importante”, señala tajante el jefe del grupo de Ciber OBN, José Tinahones.

Para el doctor Fernández Real, el mayor problema es que “mantener una dieta mediterránea sana es muy caro y no todo el mundo se lo puede permitir”. Pero recalca que “si en España también se etiquetaran los productos ofreciendo los datos de sus calorías ayudaría a que la gente se preocupe más. En nuestro país, al año se aumenta un cuarto de kilo el peso en la población general, cualquier medida que reduzca al mínimo este dato ya es un éxito”.

“Además, más que una medida para gente que ya sufre sobrepeso, es una buena estrategia para prevenir a aquellos que no la tienen y así puedan evitarla. Si además, las cadenas de fast-food se conciencian de lo importante que es esto, se contará con un problema menos para la salud pública”, argumenta el doctor Tinahones.

Fuente: El Mundo

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