Para: Revista Tendencia. Sección: Salud. Artículo Nº: 1

“La Tirana Perfección”

Vivimos en una sociedad que tradicionalmente ha sobredimensionado la estética corporal como principal valor femenino y máximo objeto del deseo masculino. Una sociedad que convierte a la mujer en una mercancía, en un producto que compite con otros para ganarse el dudoso honor de ser “sexy y bella”.

Ha sido un lavado de cerebro constante que desvirtúa la esencia femenina y la reduce a la simple imitación de la “chica bella” de moda. No importa si la mujer es inteligente, trabajadora, simpática, buena madre o solidaria, sólo importan la talla del sostén y el parecido con la actriz o modelo del momento.  Y lo peor, es que las mujeres compramos la idea. Y la asumimos como una búsqueda “nuestra”, anclando nuestra autoestima y nuestra propia realización personal a la balanza y la cinta métrica. Nosotras mismas nos convertimos en mercancía arrojada a la insaciable hoguera de la vanidad.

La belleza física aparece siempre asociada a la felicidad, al éxito social y profesional. Todas conocemos los nombres de las top-models, pero a casi nadie le suenan los nombres de mujeres con logros personales tan importantes como descubrir tratamientos eficaces para una enfermedad o defender los derechos humanos. Las librerías, los programas de televisión, las películas, nos ofrecen abundantes modelos de cuerpo ideal que no son de ningún modo ideales: primero porque muchas veces los modelos son montajes de varias fotos retocadas y no existen en la realidad; y segundo, porque es subestimar a las personas el condenarlas al éxito o al fracaso por uno solo de sus múltiples atributos, el aspecto, que además es una de las características más determinadas genéticamente y por lo tanto menos controlable (talla y peso).

La importancia que se concede al aspecto físico en nuestra cultura  influye en millones de mujeres en el mundo, especialmente en las  jóvenes que se sienten inseguras y descontentas con su imagen. Los medios de comunicación tienen mucho que ver con todo esto: constantemente imponen patrones de belleza desvirtuados e imposibles de alcanzar. Esa es su estrategia: poner el límite muy alto, para mantener a las mujeres atadas a la rueda del consumo y la búsqueda eterna de una perfección previamente negada.

Y las adolescentes, que viven un delicado momento de reconocimiento y necesidad de identificación, terminan siendo las víctimas favoritas de charlatanes y publicistas. De allí surge una de las nuevas epidemias que afecta a la sociedad occidental. Chicas jóvenes, de clase media y alta, que se lanzan a sí mismas por el abismo de los trastornos alimenticios. Anorexia-bulimia como caras de una misma moneda. La moneda del odio a sí misma, del auto rechazo, la idealización publicitaria del cuerpo y el desprecio por la vida, la salud y la personalidad de la jovencita.

El binomio “anorexia-bulimia” ha adquirido una expansión alarmante, considerándose una verdadera “epidemia social” en nuestras jóvenes, con un común denominador claro y preciso: la búsqueda desenfrenada de la delgadez como medio para alcanzar el éxito y la aceptación social. Búsqueda que casi siempre termina en el psiquiatra o en la morgue. Niñas que mueren buscando una belleza enfermiza e imposible de mantener en el tiempo. Princesas que nunca encontrarán a su príncipe azul. Porque se alimentaron del veneno publicitario y abandonaron, dentro de sus cuerpos, el mundo real.

Por todo esto hablar de anorexia y bulimia es cuestionar nuestra cultura. Necesitamos una renovación de nuestros valores y de nuestras conductas. Necesitamos, sobre todo, definir lo atractivo con parámetros más amplios, para que la mayoría de las personas, pueda sentirse bien con su apariencia personal. Necesitamos poner énfasis en otras características (ingenio, integridad, talento, inteligencia, sentido del humor, entre otras) a la hora de evaluar la valía de las personas.

samarelena@hotmail.com

Anuncios